#NoalaLSP ETIMOLOGÍAS Y DEFINICIONES

ETIMOLOGÍAS Y DEFINICIONES, O AQUELLO QUE HASTA UN ESTUDIANTE DE PRIMERO DE ARQUITECTURA YA SABE.

(Artículo de Celia Marin)

Según los 10 Libros de la Arquitectura de Vitruvio escritos en el siglo I a.C. la arquitectura se compone de FIRMITAS, UTILITAS Y VENUSTAS.  Es decir firmeza, utilidad y belleza. Sin ellas la arquitectura es un sin sentido.

La firmeza es necesaria para que el edificio se sostenga, la utilidad es necesaria para que el edificio cumpla su fin, y es gracias a la belleza que la arquitectura ofrece un aspecto digno y agradable, o lo que venía a ser en aquel entonces, una correcta proporción entre anchura y altura.

Con la actual reforma de la ley de Servicios Profesionales se supone que un ingeniero tiene las mismas competencias que un arquitecto porque en esencia sabe calcular estructuras y levantar edificios sin que se caigan. Esto vendría a ser un tercio de la tríada vitruviana. Supongámosle que el ingeniero se ha hecho con un manual tipo Neufert o un pliego de especificaciones tipo GISA y que es capaz de dotar al edificio de unas medidas mínimas necesarias par que este edificio cumpla su función. Ya tendríamos dos tercios de la tríada vitruviana, todo eso sí si saltamos por alto todas las críticas surgidas a partir de los años 50 al funcionalismo que ponían en tela de juicio la parametrización y la estandarización de la arquitectura porque reducían la vida y el habitar a una mera serie de números que nada tenían que ver con el ser y el estar.

Es decir, arquitectura no es simplemente un techo que se aguante, unos cimientos que no se hundan y unas medidas mínimas de ventilación. Una vivienda que cumpla los mínimos necesarios que marca la cédula de habitabilidad podrá poseer la categoría de vivienda pero le faltaría mucho para ser un hogar. Para ello necesitará de una estructura necesaria ya sea a través de un barrio o de la propia ciudad que le proporcione a sus habitantes un sentimiento de comunidad y pertenencia, que lo relacione con su entorno, con los suyos y con la sociedad que es lo que marca la misma existencia sedentaria desde que el mundo es mundo, o mejor dicho, desde que las sociedades dejaron de vagar por el desierto y se establecieron las primeras comunidades agrícolas y las ciudades después.

Obviamente todo esto la arquitectura por si sola no lo hace, pero es muy consciente, o debería de serlo siempre, de que la arquitectura como tal no se reduce únicamente al objeto arquitectónico sino que en realidad está creando un tejido estructural que es la base de la vida pública y por tanto de la propia polis. Las medidas mínimas y las cédulas de habitabilidad, incluso los códigos técnicos, son parametrizaciones normalizadas y estandarizadas de mínimos necesarios aplicables a casos tipo pero que nada tienen que ver con la vida real y, por supuesto, carentes del componente no-físico. Es decir, la arquitectura por mucho que sea una construcción física en el fondo es el escenario de una construcción simbólica y cultural que representa no sólo la espiritualidad, sino los sueños, creencias, y vivencias de una sociedad entera. Es trascendente no sólo porque presenta soluciones para el presente sino porque asegura una continuidad de lo construido con lo exitente – pasado- y con lo que vendrá – futuro.

La arquitectura, parafraseando a Adolf Loos no es una obra de arte pero sí es un arte, que son dos cosas totalmente diferentes, y aquí enlazamos con la tercera componente de la tríada vitruviana: la venustas.

Estos días se está hablando de que las diferencias entre la ingeniería y la arquitectura se reducen a que los arquitectos le dan un toque bonito, juegan con el aspecto estético – o mejor dicho, que les pierde la estética- y que quizá los ingenieros deberían realizar unos cursos de bellas artes, como si fuese un máster, para poder hacer también ellos edificios bonitos. Ahora usar la palabra bello está muy desprestigiado.

La arquitectura, repito, no es una obra de arte, o al menos no debería de serlo, sobre todo teniendo en cuenta lo que se entiende estos días por obra de arte. Es decir, la expresión y representación de los sentimientos del artista en el objeto, su carácter provocador, el impacto que provoca en el observador, lo trasgresor…Un arquitecto deprimido estaría realizando edificios tristes y oscuros. Los arquitectos, del mismo modo que los ingenieros, los cirujanos y los abogados o cualquier otro profesional que se precie debe dejar sus sentimientos en casa y dedicarse a hacer bien su trabajo. “La obra de arte pertenece al artista”, la arquitectura pertenece a todo el mundo.

Entonces, ¿la arquitectura debe aspirar a la belleza? Señores ingenieros y público en general de las tertulias de café, pregúntense ustedes mismos qué significa belleza y qué es aquello que hace que una cosa sea bella ¿lo saben? ¿se ponen de acuerdo? Enhorabuena, acaban ustedes de introducirse en un debate estético de más de 1000 años de antigüedad.

La arquitectura no consiste en colocar con capricho ventanas, colores, molduras, piedras o en construir cosas siempre diferentes a ver quien la hace más gorda. La ingeniería se basa en unos principios físicos estrictos y en unas condiciones del medio y de los materiales complejas y condicionantes. Uno no puede diseñar un barco o un avión y ser “original” en las formas porque las leyes de la hidrodinámica rechazarán cualquier gesto absurdo. En cambio los arquitectos tenemos mucho margen de maniobra, un margen que hace que cada creación sea diferente de la otra dependiendo de la mano que la diseñe, de las personas que lo habitan, de la geografía en la que se construya y de los materiales que se utilicen. Eso hace que la arquitectura pueda parecer desde fuera caprichosa, rara, loca y excéntrica. Pero sin ese componente “tan humano” de diversidad la arquitectura ya no sería arquitectura, sería otra cosa en la que seguramente ninguno de ustedes querría vivir.

¿Y entonces la arquitectura es un arte? Sí. ¿Y una técnica? También. Y no porque sea, como repiten incesantemente, una mezcla de las dos cosas. En la antigüedad ars (arte) era la traducción al latín del concepto griego tekné (técnica). Es decir, dos ideas idénticas que englobaban un concepto amplísimo que se refería a la habilidad y capacidad de una persona de realizar un proceso siguiendo unas reglas y leyes sin presencia alguna de la creatividad ni de la imaginación. Ars y tekné eran la agricultura, la geometría, la música, la gastronomía, la carpintería, la minería y también la arquitectura. Sólo el tiempo ha hecho que las artes y las técnicas, las ciencias y las artesanías sean consideradas cosas diferentes, pero en esencias todas venían a ser lo mismo, una habilidad del ser humano de realizar una acción consciente de transformación o comprensión de su medio para habitar en él. Es decir, aquello que nos diferencia de los animales.

La arquitectura no se diferencia de la ingeniería por su componente artístico, no, la arquitectura se diferencia de la ingeniería porque se encarga de cosas diferentes. De la misma manera que un cirujano se diferencia de un anestesiólogo porque su preparación y su ámbito de actuación son diferentes. Ambos son necesarios y complementarios y eso no significa que uno sea mejor o peor que el otro.

La arquitectura tiene un componente humanista, social, antropológico, cultural y político presente en los estudios y en la formación – con más o menos éxito- del arquitecto, porque trabaja con una materia más sensible y voluble que las meras leyes de la física y de la mecánica de fluidos. La arquitectura tiene que lidiar con las personas, y eso no hay tabla de equivalencias que te puede dar un coeficiente de cálculo válido. Depende, ahora sí, de la sensibilidad y capacidad del arquitecto para leer, entender y responder a lo que se le pide. ¿Lo consigue siempre? Ya quisiéramos nosotros, pero es bastante complicado.

Señor ministro utilizaré símiles de su comprensión, por si acaso se pierde con las referencias clásicas, no mezcle usted churras con merinas, ni confunda el atún con el betún aunque los dos vengan en lata. Y hagan el favor de aprender a utilizar a los arquitectos por lo que hacen y saben hacer, estamos hartos de que se unos use para el onanismo político.

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